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“Las heridas abiertas del mundo islámico”.

“Las heridas abiertas del mundo islámico”.

“Las heridas abiertas del mundo islámico”.

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Aún hoy perviven conflictos que encuentran su origen en los s. XIX y XX. Para abordarlos desde una perspectiva histórica y objetiva nos remontaremos al origen de estos y pondremos de manifiesto el papel de Occidente en esta cuestión al inicio y en la actualidad de estos, así como establecer cómo de conscientes somos en la actualidad y como reaccionamos ante ellos.

Cualquiera en Occidente que no conozca nada de la historia y el origen del conflicto palestino reacciona con indiferencia ante él, pues resulta ser uno de tantos conflictos propios de países islámicos, ¿Cambiaría su forma de afrontarlo si fuera realmente consciente del papel activo de Occidente en todo esto? A continuación, analizaremos este hilo conductor de los muchos factores que han propiciado esta situación y que nos proporcionarán la información necesaria para concluir si el conflicto palestino es o no una herida abierta.

Para remontarnos al origen del conflicto hemos de situarnos cronológica e históricamente en el desmembramiento del Imperio Otomano en la primera etapa del s. XX. Esta convulsa situación será el caldo de cultivo ideal de la que las potencias europeas intenten sacar beneficio repartiéndose el “pastel” que supone este nuevo territorio, en diferentes zonas de actuación (Salamanca, 4 de octubre de 2020).

Cabría señalar la irrupción del sionismo como ideología y su papel en la génesis del conflicto y en la creación del estado de Israel. El sionismo, por otra parte, bebe de las mismas fuentes que los nacionalismos europeos en boga a partir mediados del s. XIX, además de ser una respuesta al creciente antisemitismo que vivía Europa y que provocó oleadas de refugiados y emigrantes tanto a América como a Oriente. Otro elemento más que ligaría el conflicto con Europa y Occidente.

Estos, que ya poseían distintos territorios en el Norte de África, pretendían exportar el modelo colonialista a Oriente Medio, utilizando la misma prerrogativa con la cual aterrizaron en el continente africano. Una vez más, los nuevos territorios surgidos tras la disolución del Imperio Otomano no contaban con suficiente fortaleza para iniciar por sí mismos el camino de la independencia. La “infantilización” de los países árabes será continua y es una de las consecuencias por la que los conflictos perviven hasta nuestros días. Este “paternalismo” de los países occidentales, lejos de responder a una preocupación real, encuentra su explicación en un compendio de intereses políticos y económicos para las grandes potencias de los cuales pueden extraer todos los beneficios que deseen.

La repartición de Oriente Medio se hace en dos grandes zonas de influencia, una francesa y otra británica, de las cuales surgirán estados artificiales como Irak o Emiratos Árabes Unidos para los que las potencias han considerado exportar sus sistemas de gobierno (en el caso ingles la monarquía) aunque no se obtengan los resultados deseados (Siria o Irak).

No serán los únicos problemas a los que tendrá que enfrentarse el dominio británico, uno de sus territorios, el que abarca el desierto de Neguev, lejos de aportarle beneficios le conlleva numerosos “dolores de cabeza” a raíz de haberse promulgado una llamada en masa a las poblaciones judías dispersadas a lo largo y ancho del planeta que tendrá como objetivo la elaboración de una patria judía en Palestina, “la tierra prometida” (Declaración de Balfour – 1917).

Pero para profundizar en mayor medida en las consecuencias de esta exportación de modelo colonialista a Medio Oriente, analizaremos la tendencia imperialista con respecto a los llamados, países islámicos.

En alusión a lo dispuesto con anterioridad, esta predisposición no afectaba únicamente a esta zona, sino que había un área afectada previamente, el norte de África. El hecho de que fuera una zona próxima a Europa, fue uno de los preceptos tenidos en cuenta en los que nuevamente, asistíamos a la infantilización mencionada en párrafos anteriores. La creciente influencia que comenzaba a tener países como Francia, que iban ampliando su dominio cada vez más, convertía a otras zonas (Libia o Egipto) en interesantes objetivos a ojos de estados con menor influencia, como Italia. Probablemente si Francia no hubiese llevado a cabo la importante acción producida en Argel en 1827, el norte de África no habría estado tan fragmentado (Rogan, 202, p. 177).

Lo cierto es que estas potencias supieron aprovechar los conflictos para abrirse paso en otros territorios en los que no se desaprovechaba la oportunidad de ocupar nuevas zonas, incluso Francia ampliará su influencia hasta Túnez, España en cambio lo hará en el protectorado marroquí o Italia tendrá como propósito Libia. Todo ello con el consentimiento internacional, pero sin dejar de lado que a pesar de que Reino Unido contaba con una gran zona de influencia en Oriente Medio, no estaba dispuesta a renunciar al trozo de pastel norte africano, por lo que se hará con el control de Egipto.

Una de las consecuencias de la disolución del Imperio Otomano, no solo era una incorrecta alineación con los países perdedores de la I Guerra Mundial, sino la expansión del movimiento nacionalista que afectará a todas las poblaciones, especialmente a aquellas que se mantenían más dispersadas o cuya identidad no había sido considerada en demasía. En el afán expansionista europeo, este hecho será aprovechado (Arancón, 20 de noviembre de 2015) y alimentado para acelerar el proceso de disgregación y tras los distintos conflictos (Rogan, 202, p. 189) surgidos, utilizar el descredito en perjuicio de Turquía, con la que se habían comprometido a no intervenir, para así poder romper su compromiso y hacerse con la influencia de aquellos territorios preliminarmente otomanos.

La cuestión residía en que este nuevo mundo oriental no se iba a poder someter a un control total, como se había hecho con anteriores colonias en otras décadas, sino que desde EE.UU. y su “retórica sobre el derecho de autodeterminación” (Arancón, 20 de noviembre de 2015) se iban a oponer unilateralmente al uso del control indiscriminado sin ningún motivo de por medio, ¿la principal motivación? De nuevo, la infantilización de los nuevos territorios surgidos tras la disolución del I. Otomano, asistiendo así al provecho creciente de los nacionalismos desde otra perspectiva, la creación de una patria para un pueblo apátrida (Declaración de Balfour – 1917).

A lo largo de la historia hemos asistido a diferentes etapas de emigraciones del pueblo judío desde cualquier parte del mundo hasta Israel, por motivos místicos y religiosos (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 14) pero en esta ocasión será tan desproporcional la consecuencia del efecto llamada que desbordará la administración británica. Había nacido el proyecto sionista al que Joan B. Culla considera “un hijo de Europa”.

Las primeras “aliyás” se harán de forma progresiva hasta Palestina en la que los judíos establecerán sus viviendas y se harán con la compra de tierras para obtener recursos, estas compras muchas veces eran financiadas por el Fondo Nacional Judío (1910) con la intención de “asentar nuevos colonos” (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 20) que huían de los movimientos antisionistas que avanzaban en Europa Oriental y Rusia que tan solo pronosticaba que un escenario mucho más desapacible estaba por llegar.

Estas migraciones reciben el apoyo de Reino Unido con el Plan Balfour (1917) en perjuicio de las poblaciones árabes que habitaban palestina y sus intereses económicos que ademas, trajo consiguió una profunda alteración demográfica y religiosa (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 31) que tras la tercera “aliyá” y hasta la quinta, contó con la llegada de más de 280.000 judíos que se encontraban huyendo del horror nazi (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 38).

[El Plan Balfour] más que plan es una declaración de intenciones. La verdad, los británicos no tenían mucho plan más allá que ocupar el territorio para asegurarse aún más la ruta de la India y necesitaban aliados en todos los frentes (sionistas, árabes, kurdos, armenios, etc.) a los que hicieron promesas similares. Fueron los judíos, movidos por el proyecto sionista, los que llevaron a cabo su plan de colonización del territorio para luego desembocar en la constitución de un estado judío propio

Tras el ascenso de Hitler al poder las “aliyás” se convierten en una realidad habiendo de limitar la inmigración a 12.000 personas al año (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 54) por lo que, si la situación del pueblo palestino era grave, se vuelve completamente insostenible.

La apariencia livianamente neutral que había intentado mantener Reino Unido, se decanta completamente a favor del movimiento sionista, aunque en 1938, uno de tantos conflictos se saldase con un privilegio a favor del pueblo palestino: “[Este] giro en la política británica [estaba] provocado por la necesidad de contar con los aliados árabes en la guerra que ya apuntaba al horizonte” (Salamanca, 4 de octubre de 2020). La creación de un Estado Palestino que acogiese ambos pueblos, la limitación de las emigraciones judías y la compra de tierras que quedarían plasmadas en un nuevo Libro Blanco, serian medidas que quedarían, una vez más en “papel mojado”, puesto que no contaría con el apoyo de ninguno de los sectores.

La definición en la que nos habíamos apoyado anteriormente, de la mano de Joan B. Culla para precisar el proyecto sionista es el ejemplo perfecto de lo que será y supondrá el movimiento y las consecuencias que tendrá para la población árabe, no solo la habitante en Palestina, sino también para sus vecinos. Este nuevo pueblo cohesionado bajo el paraguas del sionismo se entiende “portador” de los valores europeos (Segura i Mas; Monterde, 2008, p. 34) pues ha sido confeccionado bajo su beneplácito y, por lo tanto, se considera con potestad para silenciar los deseos y derechos territoriales, sociales y económicos de un pueblo “invisibilizado” al menos teóricamente, y materializado en el eslogan de Israel Zangwill: “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” (Bastenier, 1 de marzo de 2008).

Esta alusión a la invisibilización de forma teórica encuentra su sentido en que, en la práctica, el pueblo palestino sí era tenido en cuenta, no como grupo identitario sino como un obstáculo que se había de sortear. Esto comenzaba desde el aislamiento progresivo, inicialmente despojándole de sus tierras y de las posibilidades de trabajar que devendría en un apartheid gradual y práctico, por el momento. Una visión del pueblo palestino que aún perdura en varios sectores del sionismo actual y dentro del propio estado de Israel

Con los antecedentes anteriores y el apartheid efectivo y progresivo que estaba sufriendo la población palestina, se creaba el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un nacionalismo árabe que se contagiaba a su vez, del movimiento nacionalista del s. XX. Se comenzaba a constituir una identidad panarabista bajo la que se agruparían todos los pueblos árabes subyugados por el imperialismo.

Reino Unido había advertido una década antes de la explosión de los conflictos la debilidad palestina ante el desposeimiento judío de tierras y trabajo, pero en este momento las diferencias eran prácticamente irreconciliables, la advertencia llegaba tarde y el conflicto había alcanzado las fronteras de los países vecinos.

Para poder hablar del primer intento de pacificación formal (los acuerdos de Camp David – 1978) es necesario conocer que el Estado de Israel se había declarado independiente (1948) y que contaba con la firme oposición del Líbano, Transjordania, Siria, Irak y Egipto. Este hecho provocaría una guerra que duraría hasta 1797 después de la Guerra de Yom Kipur y la paz con Egipto. Este acuerdo egipcio-israelí (Camp David – 1978) le supondrá al primer país el aislamiento por parte de muchos de sus países colindantes al haber realizado negociaciones con Israel, pero también supondrá un antes y un después en la política porque Israel perderá algo de esa hegemonía con la que contaba, mientras que aparecerá un nuevo actor en esta cuestión: EE. UU.

La guerra del Líbano (1982) y el histórico conflicto sobre la posesión de Jerusalén precederán, junto con la primera intifada (1987 – 1993) los acuerdos de Oslo, en la que por primera vez Palestina reconoce el Estado de Israel y este, a su vez, a la OLP.

Desde estos, hasta nuestros días se han sucedido los conflictos y los intentos de pacificación, los más recientes son la Hoja de Ruta (2003) en la que, tras varias fases y resoluciones, ante el nulo apoyo de ambas partes, se quedó en simple teoría y una nueva, iniciada por Trump.

Si el conflicto llega hasta la actualidad después de los reiterados intentos de pacificación y de tantas vidas que han perecido durante el camino, las diferencias se corroboran irreconciliables. Una vez más Occidente en su afán imperialista y su hambre de poder, siembra el germen de un conflicto ignorando por completo las necesidades de una tierra que si tenía pueblo. Ejemplo una vez mas de que aun hoy en día en el que se silencian las guerras y conflictos de Oriente Próximo, a los ojos occidentales existen ciudadanos de primera y de segunda y los habitantes de medio oriente parecen no pertenecer a esta primera clase.

Bibliografía:

AKKAD, M. (1978) “El león del desierto”.

ARANCÓN, F. (20 de noviembre de 2015) “Los caprichos fronterizos de Oriente Próximo”. El Orden Mundial. Los caprichos fronterizos de Oriente Próximo – El Orden Mundial – EOM

BASTERNIER, M.A., (1 de marzo de 2008) “Una tierra con pueblo”. Babelia. El País. Una tierra con pueblo | Babelia | EL PAÍS (elpais.com)

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SALAMANCA, A. (4 de octubre 2020). “Los mandatos francobritánicos en Oriente Próximo: el origen de un siglo de problemas”. El Orden Mundial. Los mandatos francobritánicos en Oriente Próximo: el origen de un siglo de problemas – El Orden Mundial – EOM

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USALL, Ramón. (2004) “Algèria viurà!” França i la guerra per la independencia algeriana (1954 – 1962). Valencia. PUV.


En cursiva aparecen las aportaciones que el profesor Miguel Grajales Pedrosa tuvo a bien hacerme en este ensayo universitario que recibió un “Sobresaliente” por su parte.


Me importa el conflicto palestino – israelí, ¿Cómo puedo ayudar?

El último enfrentamiento que fue conocido a nivel mundial (hará aproximadamente un año) me hizo decidirme, por fin, que sería una buena idea si colaboraba de alguna forma con los sectores más desfavorecidos de este conflicto, el pueblo palestino.

Hasta ahí y gracias a la visibilidad que le ofreció el Centro Cultural Islámico de Valencia, decidí colaborar con la Fundación Comité de Ayuda al Pueblo Palestino (FCAPP) a través de una pequeña aportación recogida mediante la Hucha Solidaria.

Es una manera relativamente “fácil” de colaborar, aportando los céntimos que nos sobran de la compra, o una pequeña cantidad a la semana en la que pueden participar todos los miembros de la familia.

Desde mi posición solo puedo animaros a que de alguna forma, participéis en la iniciativa de ayuda que ofrece la fundacion a través de la compra de regalos solidarios o aportaciones puntuales, apadrinamientos, etc. a un conflicto que viene silenciado desde hace años a ojos de Occidente. Los niños y las madres palestinas, todas las víctimas de horrores del planeta, importan también. Sea cual sea el conflicto, el color de sus ojos o de su piel. No deberían de existir los conflictos de primera o de segunda categoría, mucho menos los seres humanos.

Enlaces de interés:

Inicio Fundación Comité Ayuda al Pueblo Palestino

Tienda Solidaria

Hucha de la Esperanza por Palestina

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Imágenes: EuropaPress / FCAPP.

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