Los amantes de Teruel.

Los amantes de Teruel.

Los amantes de Teruel.

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Cuando de pequeña visité Los amantes de Teruel, me quedé prendada de su historia e impactada por su imagen.
Me recibieron en una pequeña casa oscura, regentada por dos señoras de avanzada edad que vestían de negro, y cuando entré en aquella sala, acompañada de mis padres y vi sus esqueletos iluminados cubiertos por sendas sábanas de lino y acogidos de un sepulcro tan espectacular mi pequeño corazón se encogió de congoja.

Isabel de Segura y Diego de Marcilla. A sus pies los escudos de armas de cada familia.

Casi 15 años después los he vuelto a visitar, no recordaba sus nombres, pero si su historia; Diego de Marcilla e Isabel de Segura no pudieron hacer realidad su sueño de estar juntos en el mundo, unidos por el amor que se tenían y aunque vivimos en una sociedad en la que cada vez estamos más alejados del amor romántico, cuando recuerdo su historia de amor, me gusta pensar que en algún lugar de este mundo ellos volvieron a estar juntos.

Y es que resulta que la familia de Isabel a pesar de que Diego era de buena posición, se negó a casarla con el en un primer momento, pues al ser el segundo hijo, en Aragón estos no tenían derecho a herencia. El padre de Isabel lo animó a marcharse como cruzado para hacer dinero, y tras cinco años luchando, le daría la mano de su hija. Esperó 5 años, ni un día más ni uno menos. En vista de que Diego no volvía la casó con un señor mucho mayor que ella pero que ofrecía mayores beneficios a la familia.

Justo el día de su boda, Diego volvió y al oír repicar las campanas de la Iglesia, pensó que Teruel lo recibía a él, ¡pobre iluso! su amada Isabel estaba contrayendo matrimonio. Cuando Diego se enteró y pudo verla, solo un beso como prueba de su amor le pidió. Ella ya estaba casada, se lo negó, y en ese mismo instante, cayó abatido, muerto a los pies de ella.

Al día siguiente, en su entierro, Isabel cubierta por un velo fue a verlo, lo que no se atrevió a hacer en vida lo hizo ya en la muerte de su amado, tras desvelar su rostro, le dio el beso que le negó en vida, en ese mismo momento, como si su alma escapara de ella, desfalleció en su pecho.

Esta es, en resumen la historia de estos dos amados. Fue tanto el revuelo que se armó en la ciudad que tanto la familia y el marido de Isabel, como la de Diego permitieron que se enterraran juntos. Han sido distintos los lugares que fueron ocupando una vez muertos, incluso estuvieron hasta dentro de un armario o expuestos a la intemperie del claustro y fueron el objeto de visita de diferentes monarcas españoles.


Lo que sabemos, ciertamente, es que nunca se movieron de Teruel, la ciudad que tanto los ama a ellos, y hoy por fin, después de tantos siglos, descansan en un Mausoleo hecho a su medida y merecido por ellos.

Si tenéis la oportunidad de ir a Teruel, no os podéis perder la visita, con la época COVID las visitas son guiadas y la guía lo hace fenomenal, incluso si tenéis suerte, nadie más lo visita y podéis estar solos, como nos ocurrió a nosotros. Además también podréis visitar la Iglesia de San Pedro y ver la preciosa decoración mudéjar, el retablo de San Pedro en madera y la capilla donde originariamente, estuvieron enterrados estos dos amantes.

Altorrelieve Amantes – Escalinata de la Estación.

No podemos hablar de los amantes de Teruel sin hacer referencia al arte o la escultura, el teatro y la literatura. Por lo que refiere a la escultura, cabe destacar el altorrelieve existente en las escaleras de aire neomudéjar sito en la “Escalinata de la Estación” propiedad de Aniceto Marinas.

En pintura destacar las obras de Juan García Martínez, que actualmente se encuentra en el Museo del Prado “Los amantes de Teruel” (1857) y del autor Antonio Muñoz Degraín que recibe el mismo título y reside también en el Museo del Prado, solo que esta data de 1884. En el Mausoleo de los Amantes hay un boceto de una y una réplica de la otra respectivamente.

Los amantes de Teruel – Antonio Muñoz Degraín (1884).

Destacar una particularidad que tienen ambas obras y es que el papel de Isabel, mientras que en la obra de Degraín aparece como sujeto activo, pues podemos verle el rostro, en la pintura de García Martínez aparece “escondida” tras Diego.

Destacar también de esta última referencia, el color que utilizó Juan G. Martínez para retratar la muerte en la piel de Diego.

Los amantes de Teruel – Juan García Martínez (1857).

Pero sin duda, la obra que yo más destacaría, en cuanto a guiños simbólicos respecta, es el sepulcro propiamente, donde descansan ambos cuerpos, cuya autoría pertenece a Juan de Ávalos y Tabarda construida en 1996. Usando diferentes imágenes pasaremos a su análisis:

Imagen 1.

Las manos de los amantes, se encuentran suspendidas en el aire, ninguna se llega a tocar aunque les falta realmente poco para hacerlo (Imagen 1).

En cambio, estas manos, gracias al efecto óptico que provoca la sombra que realiza la escultura en el suelo, si que aparecen unidas (Imagen 2).

Imagen 2.

Aunque sin lugar a dudas, a mi la imagen de estas esculturas, que se sienten unidas pero que no llegan a mirarse del todo, puesto que en vida no pudieron estar juntas, es la que más me gusta (Imagen 3).

Imagen 3.

En el ámbito literario, desde el plano más actual, si queréis saber más sobre la historia, podéis leer “El caballero del Alba” de Sebastián Roa, el personaje principal de esta lectura está inspirado en Diego de Marcilla y cuya lectura tengo en mi lista de pendientes.

Este es mi homenaje particular, y lo que captaron mis ojos y mis sentidos en esta visita express a Teruel, porque sí señores, ¡Teruel existe! y vaya que si existe… Hace años que robó mi corazón, y aquí me encuentro, una valenciana de pura cepa como yo, que se me iluminan los ojos y se me pone un nudo en la garganta cada vez que hablo de Aragón.

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